UTILIDAD DE LA FILOSOFÍA
Victoria Camps
Universidad Autónoma de
Barcelona
I
Suele
decirse que la filosofía nace de la admiración (thaumasthein) y del deseo de saber. Los primeros filósofos se
preguntan por muchas cosas que no llegan a explicarse: de dónde venimos, hacia
dónde vamos, cuál es el principio de todas las cosas, qué es el movimiento,
cómo es posible que el ser permanezca más allá de los cambios, ¿existe un Ser
Inmutable? Son preguntas muchas de las cuales permanecen sin respuesta y,
formuladas de otra forma, no han dejado de ser objeto de la preocupación de los
filósofos.
En
este sentido, se ha entendido la filosofía como la madre de todas las ciencias.
Casi hasta el siglo XVIII, los filósofos no eran sólo, como hoy, humanistas,
hombres de letras, sino, al mismo tiempo, científicos: matemáticos, geómetras,
físicos, psicólogos, sociólogos. Su aproximación
a las cosas era mucho más completa que la de los especialistas de nuestro
tiempo. Más completa porque el conjunto
del conocimiento era mucho más abarcable que hoy.
Como
consecuencia de la división del saber, las ciencias se han ido autonomizando y
atomizando. Las ciencias exactas, las ciencias naturales, las ciencias de la
salud, las ciencias sociales se han ido constituyendo en distintos ámbitos del
conocimiento cada uno de los cuales, a su vez, se ha subdividido en una serie
de disciplinas independientes e incomunicadas entre sí. Este es el panorama que
ofrecen los centros del conocimiento superior que son las universidades. Un
panorama muy distinto al que presentaba la universidad medieval, e incluso la
universidad dieciochesca, dibujada por Kant en El conflicto de las facultades, cuando las Facultades en conflicto
eran, nada menos, que la Teología, la Medicina y la Filosofía.